Qué hace un inversor, sea del tipo que sea

Los paneles entregan corriente directa, como una pila grande. Tus aparatos y la red de CFE trabajan con corriente alterna a 127 volts y 60 hertz. El inversor es la pieza que hace esa conversión, y de paso hace tres trabajos más que nadie ve.
Busca el punto de máxima potencia, es decir, ajusta continuamente el voltaje al que exige a los paneles para sacarles la mayor potencia posible en cada instante de luz y temperatura. Vigila la red: si se va la luz, se desconecta en fracciones de segundo para no mandar electricidad a una línea donde puede haber personal trabajando. Y mide, registra y reporta la producción.
Lo que distingue a un microinversor de un inversor central no es qué hace, sino dónde y para cuántos paneles lo hace. El central hace todo eso para el arreglo completo desde un punto; el micro lo hace para uno o dos paneles, montado en la azotea justo debajo de ellos. Cómo funciona todo el sistema.
Inversor central o de cadena: cómo funciona
En esta arquitectura los paneles se conectan en serie formando una cadena, que en inglés se llama string, y de ahí el nombre. Al sumarse en serie, los voltajes se acumulan: doce paneles de 40 volts entregan alrededor de 480 volts de corriente directa, que bajan por dos cables hasta el inversor.
Ese voltaje alto tiene una ventaja técnica importante: a mayor voltaje, menor corriente para la misma potencia, y menor corriente significa menos pérdida en el cable y cable más delgado. Por eso la arquitectura de cadena es la que domina en instalaciones grandes.
El inversor central maneja una o varias entradas independientes, cada una con su propio seguidor de máxima potencia. Un equipo residencial típico trae dos entradas; uno comercial, cuatro o más. Esas entradas permiten separar, por ejemplo, la fila que mira al este de la que mira al oeste, para que cada grupo trabaje en su punto óptimo sin arrastrar al otro.
Microinversores: cómo funcionan

Un microinversor es un inversor completo en miniatura que se monta en la estructura, debajo del panel, y convierte a corriente alterna ahí mismo. Cada unidad atiende un panel o, en los modelos de dos y cuatro entradas, dos o cuatro paneles cercanos.
La consecuencia más importante es que por el techo ya no corre corriente directa de alto voltaje: corre corriente alterna a 127 o 220 volts, igual que en cualquier circuito de la casa. Eso simplifica las protecciones y reduce el riesgo de arco eléctrico en corriente directa, que es uno de los pocos riesgos serios de una instalación fotovoltaica mal hecha.
La otra consecuencia es que cada panel trabaja en su propio punto óptimo, sin que su vecino lo condicione. Un panel sucio, sombreado o con una celda dañada produce menos él solo, y los demás siguen a su ritmo.
Sombra parcial: la diferencia más citada y la más exagerada
El argumento estrella de los microinversores es la sombra, y es cierto a medias. Vale la pena entender por qué, porque la versión simplificada lleva a decisiones malas.
La leyenda dice que en una cadena, un panel sombreado tumba la producción de toda la cadena al mismo nivel. Eso fue verdad hace décadas. Hoy todos los paneles traen diodos de paso, normalmente tres, que aíslan el tercio afectado y dejan pasar la corriente del resto. Además, los paneles de media celda dividen el módulo en dos mitades eléctricas, así que una sombra en la parte baja no toca la mitad superior.
El resultado práctico: en una cadena moderna, una sombra que cubre un tercio de un panel cuesta aproximadamente la producción de ese tercio, no la de la cadena entera. La pérdida existe y es mayor que con electrónica por módulo, pero está lejos de ser catastrófica.
Donde los microinversores ganan de verdad es en techos con sombras móviles y complicadas, con varias orientaciones y con obstáculos repartidos. En un techo limpio y de una sola orientación, la ventaja por sombra es prácticamente nula.
Las dos arquitecturas, lado a lado
Ninguna columna gana en todos los renglones, y ahí está el punto.
| Criterio | Inversor central | Microinversores |
|---|---|---|
| Ubicación del equipo | Una caja en muro, accesible | Una unidad por panel, en la azotea |
| Corriente en el techo | Directa, alto voltaje | Alterna, voltaje de casa |
| Punto de máxima potencia | Por cadena o por entrada | Por panel |
| Sombra parcial | Pérdida limitada por diodos y media celda | Pérdida acotada al panel afectado |
| Monitoreo | Por sistema o por cadena | Por panel |
| Punto único de falla | Sí, el inversor | No, falla una unidad a la vez |
| Mantenimiento | A nivel de piso | En azotea, desmontando panel |
| Vida útil típica | 10–15 años | 20–25 años, según fabricante |
| Garantía típica | 5–12 años, extensible | 20–25 años |
| Ampliar el sistema después | Limitado por la capacidad del inversor | Se agregan unidades sin tocar lo existente |
| Compatibilidad con baterías | Directa con inversor híbrido | Requiere equipo adicional en corriente alterna |
| Costo relativo del sistema | Referencia | Mayor |
Monitoreo: saber qué panel se ensució

Con un inversor central ves la producción del sistema completo y, si tiene varias entradas, de cada cadena. Con microinversores ves cada panel en una gráfica y puedes detectar que el tercero de la segunda fila lleva dos semanas produciendo 12 por ciento menos que sus vecinos.
¿Cuánto vale esa información? Depende de quién la mire. En un sistema residencial que nadie revisa, el monitoreo por panel suele terminar como una curiosidad que se abre tres veces el primer mes y nunca más. En un sistema con contrato de mantenimiento o en una instalación comercial donde alguien es responsable de la producción, es una herramienta real que convierte una visita de diagnóstico en una visita dirigida.
Y hay un punto intermedio que poca gente considera: un inversor central bien elegido con dos o tres entradas independientes ya te dice en qué zona del techo está el problema, que muchas veces es suficiente para ir a ver. Cómo se revisa un sistema.
Fallas y mantenimiento: la letra chica de cada arquitectura

Un inversor central es un punto único de falla: si se descompone, el sistema completo se detiene hasta que se repare o se reemplace. La contraparte es que está en un muro accesible, a la altura de la vista, y cambiarlo es un trabajo de unas horas sin tocar la azotea.
Con microinversores no hay punto único: si falla uno, pierdes la producción de un panel y el resto sigue. La contraparte es que reemplazarlo implica subir a la azotea, aflojar las abrazaderas, levantar el panel, desconectar, cambiar la unidad y volver a montar. En una losa accesible es media mañana; en un techo inclinado de teja a dos aguas, es otra historia y otro costo.
Hay un factor estadístico que también cuenta: con veinte microinversores tienes veinte equipos electrónicos expuestos a sol, lluvia y ciclos térmicos, contra uno solo en la sombra. Las tasas de falla por unidad son bajas, pero se multiplican por la cantidad. Por eso las garantías largas de los microinversores no son un lujo: son parte del modelo. Revisión eléctrica anual.
Qué pasa cuando se va la luz
Con cualquiera de las dos arquitecturas, un sistema conectado a la red se apaga durante un corte. No es una limitación del equipo sino un requisito de seguridad: la norma obliga a que el inversor se desconecte para no energizar una línea donde puede haber cuadrillas trabajando.
Para tener luz en un corte hace falta almacenamiento y un equipo capaz de aislarse de la red, que es lo que hace un inversor híbrido con baterías. Ahí la arquitectura sí cambia las cosas: un inversor central híbrido integra paneles, baterías y respaldo en un solo equipo, mientras que con microinversores se necesita un equipo adicional del lado de corriente alterna, porque los micros ya entregaron alterna en el techo.
Si el respaldo está en tus planes, hoy o dentro de tres años, ese detalle pesa. Baterías para paneles solares · Respaldo de energía · Qué pasa de noche.
Ampliar el sistema después
Es una de las diferencias prácticas más subestimadas. Un inversor central se dimensiona para la potencia que vas a instalar, con un margen. Si dentro de dos años compras un auto eléctrico o pones un minisplit más y quieres agregar cuatro paneles, es posible que el inversor ya no tenga capacidad ni entradas libres, y ampliar signifique un segundo inversor o cambiar el existente.
Con microinversores el crecimiento es modular: agregas paneles con su microinversor y los conectas al mismo circuito de alterna, hasta el límite del circuito y del tablero. Es más sencillo y más barato de planear.
Hay una salida intermedia si vas por inversor central: dimensionarlo desde el inicio con margen de crecimiento y dejar espacio en el tablero. Cuesta poco más hoy y evita un cambio completo después. Vale la pena decirle al instalador que lo contemple. Cuidado con el límite de capacidad ante CFE.
Cuánto cuesta cada arquitectura, en términos relativos
Un sistema con microinversores cuesta más que el mismo sistema con inversor central. La diferencia se ha estrechado con los años, pero sigue ahí y crece con el tamaño del proyecto, porque el costo de la electrónica por módulo escala uno a uno con los paneles mientras que un inversor central grande se abarata por watt.
En la cuenta de largo plazo hay que meter dos cosas que se olvidan. A favor de los micros: no hay reemplazo programado a los diez o quince años, porque su garantía cubre casi toda la vida del sistema. A favor del central: cuando llega el reemplazo, es un solo equipo, en un muro, con mano de obra de unas horas.
La comparación honesta se hace sobre el sistema completo instalado y no sobre el precio del inversor suelto, porque cambian también el cableado, las protecciones y la mano de obra. Precios de sistemas solares · Formas de pago.
Cuándo gana cada uno
Inversor central, si: el techo es de una sola orientación y está limpio de sombras; el arreglo es grande y la eficiencia por watt importa; quieres baterías o respaldo ahora o después; la azotea es de acceso difícil y prefieres mantener la electrónica abajo; el presupuesto manda.
Microinversores, si: el techo tiene varias orientaciones o aguas distintas; hay sombras parciales que no se pueden eliminar; el sistema es chico y la diferencia de costo es soportable; quieres monitoreo por panel y alguien lo va a usar; planeas crecer el arreglo por etapas; la seguridad en corriente directa es una preocupación explícita, por ejemplo en una escuela o un edificio con acceso público al techo.
Y hay una tercera vía, que es un inversor central con optimizadores solo en los paneles problemáticos. Suele ser la mejor relación entre costo y beneficio cuando el problema es una sombra localizada. Optimizadores de potencia.
Lo que hay que exigir en la propuesta
Con cualquiera de las dos arquitecturas, la propuesta debe decir marca y modelo exactos del inversor o de los microinversores, la potencia de entrada y salida, el número de entradas independientes de seguimiento, los años de garantía y quién la atiende en México. Debe incluir el diagrama que muestra cómo se agrupan los paneles y, si es de cadena, cuántos paneles quedan en cada una.
Ese diagrama no es burocracia: es lo que permite verificar que el arreglo está bien dimensionado contra el rango de voltaje del inversor y que las filas con distinta orientación no quedaron mezcladas en la misma cadena, que es un error frecuente y caro.
Si la propuesta dice solamente "inversor de 5 kilowatts" sin marca ni modelo, pide que lo escriban antes de firmar. El diagrama unifilar, explicado · Calcula tu sistema.