Por qué no vas a ver una cifra aquí
Una planta de luz no tiene un precio, tiene un rango enorme que depende de siete variables que cambian por completo el equipo. La misma potencia cuesta muy distinto si es portátil o estacionaria, si arranca de cuerda o sola, si quema gasolina o gas, si viene con tablero o sin él. A eso hay que sumarle la instalación, que en los equipos fijos puede pesar tanto como el equipo.
Y hay algo peor que un precio alto: un precio incompleto. La cotización barata casi siempre es el equipo puesto en la banqueta, sin base, sin tablero de transferencia, sin línea de combustible y sin puesta en marcha. Cuando aparecen esos conceptos, la diferencia se evapora.
Lo que sigue es cada variable con su peso, en el orden en que mueven el número. Con eso puedes poner dos cotizaciones lado a lado y ver exactamente dónde está la diferencia.
Las siete variables que mueven el precio
De más a menos peso, esto es lo que hace que una planta de luz cueste lo que cuesta.
| Variable | Cuánto pesa | Por qué |
|---|---|---|
| Potencia continua en kilowatts | Muy alto | Es el tamaño del motor y del alternador. De 2 a 30 kilowatts hay una diferencia enorme de material |
| Portátil o estacionaria | Muy alto | Una estacionaria lleva gabinete de intemperie, base, regulación y arranque eléctrico. Es otro producto |
| Tipo de combustible | Alto | Gasolina es lo más económico de comprar; gas y diésel suben el equipo y cambian la operación |
| Arranque automático | Alto | Lleva batería, cargador, tarjeta de control y comunicación con el tablero |
| Tablero de transferencia | Alto | Manual cuesta una fracción de lo que cuesta uno automático dimensionado por amperaje |
| Instalación y obra | Medio-alto | Base de concreto, canalización eléctrica, línea de gas, ventilación, escape y permisos |
| Nivel de ruido | Medio | Un gabinete insonorizado o un motor de revoluciones variables encarece el equipo |
Hay una octava que no aparece en ninguna tabla y se cobra tarde: la garantía y quién la hace válida. Un equipo sin representación ni servicio en México tiene garantía de papel.
La potencia: la variable que más manda
La potencia es el precio, casi literalmente. Más kilowatts significan motor más grande, alternador más grande, tanque mayor, estructura más pesada y enfriamiento mayor. La curva no es una línea recta: de 2 a 5 kilowatts el salto es moderado, de 5 a 10 es fuerte, y arriba de 10 se entra en territorio de equipo estacionario, donde el precio ya incluye cosas que la portátil ni tiene.
Por eso el error más caro no es pagar de más por el equipo: es comprar mal la potencia. Si te quedas corto, la planta se protege y se apaga cada que arranca la bomba, y no hay ajuste posible: hay que cambiarla. Si te pasas mucho, pagas de más, ocupa más lugar y además trabaja con poca carga, que es como peor trabaja un motor de combustión.
Antes de pedir cualquier cotización, ten tu número. Se saca sumando lo que quieres tener encendido al mismo tiempo y agregando margen para los picos de arranque de los motores. Sin ese dato, cualquier comparación de precios es adivinanza.
El combustible cambia el equipo y cambia la operación

Este punto se subestima. El combustible no solo define cuánto gastas cada hora: define qué equipo estás comprando.
Gasolina. El equipo de menor inversión y el de operación más incómoda. Hay que comprar, cargar y almacenar el combustible, que además se degrada en meses.
Gas LP o natural. El equipo cuesta más, pero se conecta al tanque estacionario que ya tienes o a la línea de la calle. No hay bidones, no hay derrames y el combustible no caduca. Es el esquema típico de las plantas fijas residenciales.
Diésel. Motores más robustos y pensados para trabajar muchas horas seguidas. Cuestan más y piden mantenimiento serio, pero a potencias grandes son los más eficientes por cada kilowatt-hora entregado.
La pregunta útil no es cuál combustible es más barato, sino cuántas horas al año vas a operar el equipo. Con pocas horas, el precio de compra domina la cuenta. Con muchas horas, el consumo y el mantenimiento se la comen.
El arranque automático: dónde empieza a subir el número
Que la planta arranque sola cuando se va la luz suena a detalle y es una de las diferencias de precio más grandes, porque no es una función, son varios componentes: batería de arranque, cargador que la mantiene lista, motor de arranque eléctrico, tarjeta de control que decide cuándo prender, y comunicación con el tablero que conmuta las cargas.
La pregunta para decidir no es si te gusta la comodidad, sino qué pasa si nadie arranca la planta. En una casa con alguien presente, el arranque manual es una molestia. En una casa que se queda sola, en un negocio que abre a las ocho de la mañana, o donde hay refrigeración de producto, el arranque manual significa que el respaldo simplemente no existe cuando importa.
Ese razonamiento vale igual para el otro lado: si la respuesta es que siempre hay alguien y que los apagones son de día, pagar por arranque automático es dinero que rinde más en más potencia o en mejor tablero.
El tablero de transferencia, que casi nunca viene incluido

El tablero de transferencia es el equipo que desconecta tu instalación de la red y la conecta a la planta. Sin él, la planta solo sirve con extensiones, y conectarla a un contacto de la casa es peligroso: manda corriente hacia la red de la calle y puede electrocutar a quien está reparando la línea.
Hay dos familias y la diferencia de precio entre ellas es considerable. El manual es una palanca o un par de interruptores enclavados: alguien lo mueve. El automático detecta el corte, ordena el arranque, espera a que la planta estabilice y conmuta solo; al volver la red, regresa las cargas y apaga el motor.
El precio de cualquiera de los dos depende del amperaje que tenga que manejar, es decir, de si vas a respaldar toda la casa o solo unos circuitos. Respaldar todo obliga a un tablero grande. Respaldar lo esencial permite uno más chico y una planta más chica: es la decisión que más dinero mueve en toda la cotización. El tema completo está en tablero de transferencia.
La instalación: lo que no se ve en la foto del producto
Una portátil no lleva instalación: se compra, se baja del coche y se usa. Ahí el precio del equipo es casi todo el gasto.
Una estacionaria es otra historia y esto es lo que se cotiza aparte: base de concreto nivelada y con el espacio libre que pide el fabricante; canalización eléctrica desde la planta hasta el tablero, con calibre de cable según el amperaje y la distancia; línea de gas con su regulador y su válvula de corte, hecha por alguien que sepa de gas; conexión de tierra física; ventilación y ruta de escape que no apunte a ventanas; y puesta en marcha con pruebas de arranque, transferencia y retorno.
Súmale lo que el terreno imponga: metros de zanja, romper y resanar banqueta, permisos si el equipo es grande o si está en condominio, y maniobra de descarga si el equipo pesa. En instalaciones residenciales esta parte suele representar una fracción muy respetable del total, y en comercios con tablero grande puede acercarse al costo del equipo.
El costo por hora de operación, que es donde se decide a largo plazo
Comprar es un solo pago; operar es todos los demás. Esta es la parte que la gente no compara y la que cambia el resultado a cinco años.
El costo por hora tiene tres componentes: el combustible que quema en esa hora, la parte proporcional del mantenimiento que consume esa hora de trabajo, y el desgaste que acerca al motor a su siguiente servicio mayor. No se paga junto, pero se paga.
| Equipo | Costo de combustible por hora | Mantenimiento que pide | Costo de tenerlo listo | Para qué uso conviene |
|---|---|---|---|---|
| Portátil de gasolina de 3 a 5 kW | Media a alta, y sube con el precio de la gasolina | Aceite, filtro de aire, bujía y cuerda | Bajo si se usa poco | Uso ocasional |
| Inversor de gasolina de 2 a 4 kW | Menor a media carga: el motor baja revoluciones | Similar a la portátil, con menos horas de motor | Bajo | Uso ocasional y silencioso |
| Estacionaria de gas de 8 a 20 kW | Media, sin viajes a la gasolinera | Servicio programado, batería de arranque cada pocos años | Medio | Uso frecuente sin operador |
| Estacionaria diésel de 20 kW en adelante | La más eficiente por kilowatt-hora a potencia grande | Serio: aceite, filtros, refrigerante, tanque diario, pruebas | Alto | Muchas horas seguidas |
| Respaldo con baterías de litio | Solo la energía con la que recargas, o el sol si hay paneles | Prácticamente nulo; se revisa desde la aplicación | Muy bajo | Cortes de horas, frecuentes |
Ese último renglón es el que cambia la comparación: un sistema con batería de litio tiene la inversión inicial más alta de las opciones residenciales y el costo de operación más bajo. Entre más veces al año se vaya la luz, mejor sale.
El costo de tenerla lista, aunque nunca se use
Hay un gasto silencioso que no aparece en ninguna cotización: mantener un equipo de respaldo en condiciones de arrancar.
En una planta de combustión eso significa arrancarla una vez al mes con carga, cambiar aceite y filtros según horas de trabajo, reemplazar la batería de arranque cada cierto tiempo, y rotar el combustible almacenado antes de que se degrade. Si el equipo pasa un año sin arrancar, la probabilidad de que encienda al primer intento baja mucho, y una planta que no arranca en el apagón costó el cien por ciento de su precio y entregó cero.
En un sistema de baterías ese costo es casi inexistente porque no hay motor, no hay combustible y no hay arranque. Lo que sí hay es un límite: la energía almacenada se acaba y hay que recargarla. Son dos formas distintas de pagar la tranquilidad, y conviene compararlas completas, no solo en el precio de compra.
Cómo comparar dos cotizaciones sin equivocarte

Pon las dos cotizaciones lado a lado y revisa que ambas digan lo mismo en estos puntos. Donde una calle, ahí está la diferencia de precio.
Potencia continua, no la potencia pico del empaque. Tipo de combustible y quién paga la línea o el tanque. Arranque: de cuerda, eléctrico o automático. Tablero de transferencia: incluido o no, manual o automático, de cuántos amperes y cuántos circuitos respalda. Obra civil: base, canalización, zanja, resane. Puesta en marcha con pruebas de transferencia y retorno. Garantía por escrito: años del motor, del alternador y del tablero, que casi nunca coinciden, y quién la hace válida en tu ciudad. Servicio: hay taller cerca, hay refacciones, cuánto tarda una visita.
Con esa lista, dos cotizaciones dejan de ser dos números y se vuelven dos alcances comparables. Es la única forma de saber si una es cara o si simplemente incluye lo que la otra omitió.
Qué necesitamos para darte un número firme
Una cotización seria de respaldo sale con tres datos, y los tres los tienes a la mano.
1. Tu lista de cargas. Qué quieres mantener encendido al mismo tiempo. De ahí salen los kilowatts y el tamaño del tablero.
2. Cuánto duran y cada cuánto pasan los apagones en tu zona. Eso define si conviene generar en el momento o guardar energía, y de qué tamaño.
3. Una foto de tu centro de carga y del lugar donde iría el equipo. Con eso vemos amperaje, espacio, distancia de canalización y si hay dónde ventilar.
Nosotros instalamos respaldo con baterías, no vendemos generadores de combustión, y si en tu caso conviene un generador te lo vamos a decir. Lo que sí podemos hacer es la cuenta completa contigo. Si quieres empezar por el lado de generar tu propia energía todo el año, revisa paneles solares, y si el corte es el problema principal, respaldo de energía. Para números de tu caso, cotizar.


